Contraalmirante Wilhelm Witheft (aka. Vitgeft), un incompetente al mando de la Flota del Pacífico.


Vamos a profundizar en algunos puntos interesantes del relato con el que iniciamos nuestro blog, en el cual contabamos las operaciones de minado de la flota rusa el 14 de mayo de 1904 (más información aquí), y nos centramos en la figura del contraalmirante Wilhelm Witheft

Witheft contra almirante

Contraalmirante Wilhelm Witheft

Es difícil encontrar datos relevantes  en la hoja de servicios de este personaje, y de no ser por los hechos que acaecieron en mayo – junio de 1904 no hubiera pasado a la historia, veamos que ocurrió en esta historia.

En abril de 1904, el Zar Nicolas II ante el avance de las operaciones japonesas en tierra que estaban a punto de culminar con el cerco de Port Arthur, ordenó al Virrey Gran Duque Almirante Alexeiev (que era su tío bastardo, hijo natural del Alejandro II) que partiera para Moudken.  Semenov nos cuenta como se precipitaron los hechos y que consecuencias tuvieron :

El 22 de abril … a las 11:30 de la mañana, el Sebastopol sustituyó la insignia del virrey por la del contraalmirante Witheft : ¡El virrey se había marchado a Mudken!

Virrey Gran Duque Almirante Alexeiev

Los efectos en la escuadra, aunque esperados generaron bastante inquietud,

No diré que esta huida evidente tuviera gran resonancia en la escuadra; algunos hasta se alegraron; no obstante, todos veían en ella un síntoma inquietante.

Debería de haber tomado el mando de la escuadra el almirante Skrydloff, pero todavía no se encontraba en la plaza, y tal como se estaban desarrollando los acontecimientos en tierra, probablemente no haría acto de presencia en mucho tiempo. Fue en el contraalmirante Wilhelm Witheft en quien recae el mando, en tanto que oficial más antiguo y de más alto grado.

Skydloff

Vicealmirante Skydloff

Wilhelm Witheft es descrito como un hombre de gran cultura, y un excelente oficial de administración. Desgraciadamente estos valores no son los más adecuados para comandar una escuadra en tiempos de guerra. Recurrimos nuevamente al relato de Semenov

A nadie se le podría haber ocurrido poner en duda el valor personal del almirante, del que había dado pruebas muchas veces. Tenía fama de ser sabio, un gran trabajador, y, sobre todo, un hombre de escrupulosa honradez; pero nunca había navegado, no era marino y lo confesaba sencillamente

Otro punto que se criticó fue la falta de liderazgo del contraalmirante, que reconociera en público sus carencias y el someter las decisiones al consejo de sus capitanes. Todo esta retahila de faltas se manifiestan en sus palabras pronunciadas durante el primer consejo de oficiales realizado tras la asunción el mando de la escuadra

Espero encontrar en ustedes, señores, no solamente unos colaboradores, sino, sobre todo unos consejeros porque desgraciadamente ¡yo nada tengo de jefe de escuadra!

En las operaciones del 15 de mayo, donde se realizó un sembrado de minas en el itinerario de la escuadra de bloqueo japonesa de Port Arthur (más información aquí), podemos observar  como estas afirmaciones de Semenov se reflejan en el relato de otro oficial de la armada rusa,  el Capitan de Navio von Essen; que en sus memorias como oficial al mando del acorazado Sebastopol, cuenta los hechos que ocurrieron la mañana del 15 de mayo :

Nos encontrábamos en misa a bordo del Sebastopol, cuando se nos telefonea desde la Montaña de Oro que un acorazado japonés había chocado con una mina en su proa, aunque continuaba a flote dando una fuerte banda. Como el almirante Witheft era escéptico sobre los daños causados, me envió a la Montaña de Oro para saber que pasaba.

Añadiendo posteriormente

El almirante, al que había telefoneado comunicando el suceso, hizo izar la señal en el Sebastopol para anunciar la pérdida de un acorazado enemigo […] y los torpederos apoyados por el Novik, recibieron la orden de salir para atacar al Yashima

Vemos en estos párrafos que Semenov no estaba equivocado en sus opiniones sobre  Wilhelm Witheft. El jefe de la flota rusa había preparado un golpe maestro a la escuadra japonesa, pero él no lo consideraba así. Para el contraalmirante Witheft sólo era una operación más de minado. El líder de la flota que debería de estar preparado para explotar el posible éxito de su operación, se encontraba en misa, y cuando le alertaron de los resultados (inesperados para él), no reaccionó, sino que envió a un subalterno a que se informara. Incluso cuando éste le dió parte del éxito de la operación, se limitó a comunicarlo a la escuadra mediante señales y mandar a unos torpederos a terminar con el buque dañado, en vez de aprovechar el exito obtenido y terminar con los restos de la escuadra japonesa.

Volviendo al relato de Semenov, cuando hace referencia a estos hechos, se refleja desesperación, mientras observa la inactividad de la flota rusa. Más aún, conociendo como él conocía los buques disponibles, y en el estado en que se encontraban (con las calderas apagadas), aún había posibilidades de poder salir al encuentro del enemigo

Entre los acorazados el Peresviet, y la totalidad de cruceros que estaban provistos de calderas de tubos pequeños hubieran estado listos en media hora.

Acorazado ruso Peresviet

Hasta la una de la tarde no se pensó en hacer salir a los torpederos para hostigar al enemigo.

Vemos que aún con la falta de previsión, el alto mando ruso podría haber reaccionado, pues técnicamente era posible. Sólo faltaba la voluntad, iniciativa y como se diría en términos modernos, proactividad.

Esta falta de reacción, transformó lo que fue una gran victoria rusa, y tuvo un efecto negativo en la moral de la flota rusa

Esta falta tan grave impresionó a la escuadra más dolorosamente que todas nuestras perdidas anteriores.

Podríamos decir pues, que los hechos que acaecieron el 15 de mayo de 1904 supusieron dos derrotas, una naval de Japón donde perdió dos acorazados (Hatsuse y Yashima) y otra moral de los rusos, ante el reconocimiento de la incompetencia de sus mandos. La historia nos desvelará con posterioridad cual de las dos fue más importante.

[what if] ¿Y si la escuadra rusa hubiera tenido un jefe lo suficientemente audaz? ¿Qué hubiera sido del cerco de Port Arthur, si la escuadra rusa hubiera salido al encuentro de la flota de bloqueo japonesa, y acabado con las líneas de suministro del II Ejercito japonés en tierra?

Si quieres saber más : 
  • PIOUFRE, Gerard. La guerre ruso japonaise sur mer. Nantes: Marines édition, 1999
  • SEMENOV, Vladimir. La expiación, La escuadra de Puerto Arturo. Barcelona: Seix Barral Hnos, 1912
  • von ESSEN, Nikolai Ottovich. Les derniers jours du Sebastopol à Port Athur. Paris: Agustin Challamel, 1914.
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La importancia de ser predecible, las operaciones de minado de la flota rusa del 14 de mayo de 1904.


Cuando uno es predecible es vulnerable, y si nos encontramos en medio de un conflicto armado esta afirmación tiene una mayor relevancia.

Un claro ejemplo lo podemos observar durante las operaciones de bloqueo de Port Arthur por la escuadra japonesa a principios de mayo de 1904. Veamos que sucedió.

Los japoneses ya habian puesto el pié en la península de Liaodong, y para dar apoyo a las operaciones de desembarco de tropas en Pi-tsé-ouo, el bloqueo de Port Arthur por parte de la flota se intensificó.

Durante el día los acorazados se mantenían a la vista de la bocana del puerto a unas 10-15 millas, siempre fuera del alcance de las baterías de costa. Durante la noche, el miedo a las torpederas rusos hacia que se retiraran a sus bases, dejando en las labores de vigilancia a las torpederas japonesas.

Estos movimientos estaban perfectamente reglados, lo que dio al contraalmirante Witheft, la idea de sembrar de minas la ruta que seguían estos navíos.

Contraalmirante Witheft

Contraalmirante Witheft

El capitán de fragata Ivanov, comandante del minador Amur recibió la orden correspondiente. Había que aprovechar el momento del cambio de guardia frente al puerto, evitando ser detectado por los buques japoneses. Se debió de esperar hasta la noche del 14 de mayo de 1904, durante la cual se produjo una espesa niebla, lo que hizo que los acorazados japoneses, por miedo a un ataque ruso, se retiraran antes de tiempo.

El Amur salió a toda máquina, escoltado por 4 torpederos, depositando en el lugar escogido una línea de 50 minas, perpendicularmente a la ruta seguida por los barcos japoneses. Las escuchas de radio certificaban que la operación no había sido detectada por el enemigo. Y se regresó sin novedad a puerto.

Minador Amur (1898)

Minador Amur (1898)

Al día siguiente, domingo, a las 9:50, puntualmente apareció la flota de bloqueo japonesa a la distancia y con su rumbo habitual (3 acorazados y 2 cruceros de segunda clase). El primero en saltar fue el Hatsuse, un acorazado de 15.000 tn, que rápidamente comenzó a dar la banda. Minutos después el Yashima, otro acorazado de 12000 tn, hacia saltar dos minas. Los buques japoneses se creyeron atacados por submarinos y desataron un fuego infernal contra un enemigo imaginario.

El Kasagi tomó a remolque al Hatsuse, cuando a las 10:30 volvió a tocar una mina que le hizo saltar la santabárbara, desapareciendo en segundos (serán salvados 23 oficiales, entre ellos el almirante Nashima, y 313 marineros).

Acorazado japonés Hatsuse (1899)

Acorazado japonés Hatsuse (1899)

La suerte el Yashima no fue mejor, la enorme vía de agua pudo ser taponada, y a las 11:30 el acorazado recuperó la movilidad y comenzó a alejarse lentamente. Nunca llegaría a su base, perdiéndose en el camino (este importante hecho no fue conocido por los servicios de inteligencia rusos hasta el final de la guerra).

Acorazado Japonés Yashima (1896)

Acorazado Japonés Yashima (1896)

A pesar del éxito de la operación, los rusos no supieron aprovechar el éxito. Los buques capitales estaban con las calderas apagadas, y sin posibilidad de salir a terminar con los restos de la escuadra japonesa. En ese momento el contraalmirante Witheft disponía de 3 acorazados y cinco cruceros, pero sólo mandó salir al encuentro del enemigo a sus torpederos escoltados por el crucero Novik, los cuales fueron fácilmente rechazados por los restos de la escuadra japonesa.

Si quieres saber más : 
  • PIOUFRE, Gerard. La guerre ruso japonaise sur mer, Nantes: Marines édition, 1999
  • von ESSEN, Nikolai Ottovich. Les derniers jours du Sebastopol à Port Athur. Paris: Agustin Challamel, 1914.